Saturday, December 04, 2010

Gladys González. Obras completas






No sé muy bien por qué me gusta la poesía de Gladys González, pero me gusta. Y mucho. He tratado de evitarlo, pero no he podido. Por lo común, tiendo a apreciar otras escrituras que de manera más evidente complejizan el significante y, por lo mismo, supongo, siempre he creído que algunos miembros del ochenta (Eugenia Brito, Marina Arrate, Tomás Harris) se encuentran entre lo que a mí más me interesa de la producción poética chilena. Para no hablar de Juan Luis Martínez, que justificadamente ocupa un lugar de privilegio en el canon chileno.

Pero también sé que circunscribir la mirada a ese enrevesamiento deliberado sería un poco estrecho. De ahí que uno haya aprendido también a apreciar en toda su medida otras poéticas, otras formas de asumir y de resolver el poema que despliegan otras posibilidades igualmente válidas. Cuando empecé a leer a Gladys González, la primera impresión de su Gran Avenida fue la de estar leyendo una poética con afán juvenil y marginal, dolido y urbano como antes ya había leído en otras poéticas. Las palabras de Fernando Rosenberg venían al calce: "Me parece tan loable como insuficiente la adopción de posturas críticas que ponen énfasis en, por ejemplo, la presencia o el uso de elementos massmediáticos en la imaginación poética; o la performance de un habla que mimetizaría las voces de tribus urbanas, para poner como ejemplo dos posibles y existentes tendencias poéticas de las dos últimas décadas y los modos en que la crítica argumenta a veces su relevancia, o su desacralización de la cultura alta como si eso tuviese todavía alguna importancia, y como si fuese el modo de caracterizar a la producción ‘joven’". Palabras más bien duras las de este crítico argentino, pero la imagen que manejo de González trasciende -con creces- ese tribalismo juvenil y reiterado. Si su primer libro también abordaba otros temas, como el de una pronunciación femenina que se alejaba de lo consabidamente femenino ("González exige una mirada más transgresora y activa que rompa el círculo de potestad entregado a lo acostumbradamente femenino en la escritura", escribía con acierto Diego Ramírez en la contratapa de Gran Avenida), sus dos publicaciones más recientes (Aire quemado, 2009 y Hospicio, del año todavía en curso) intentan recorrer un camino de vuelta en el que el cansancio se anuncia tempraneramente. Es más: parece en ascenso, un in crescendo que en el juego de lo autobiográfico y la fallida autonomía literaria -o puesta, por lo menos, entre paréntesis- se asemeja a un llamado de auxilio o al capítulo previo a la firma de la derrota.

Me explico: Aire quemado representa, creo, una mirada escéptica sobre el primer libro de la autora, una mirada no arrepentida ni con remordimientos, sino hastiada hasta un extremo que no podría hacer suponer ningún plus ultra. Y, sin embargo, González se ha dado maña como para dar aun otro paso más en esa senda que supone siempre la cercanía de su personal abismo.
A la descripción de un hablante en estado permanente de catástrofe personal, se suma el que tal descripción esté hecha con una sabia administración del ritmo, como si la construcción del hablante contemplara al mismo tiempo su crítica. El verso de González es en general breve, sus estrofas ídem: no hay mucho espacio para la autocompasión. Tampoco busca la ajena.

Si la hablante está consciente de su caída, no está dispuesta, sin embargo, a irse sin pelear. Cito de Hospicio:

no me hables
de corazas
de rencores
de odios

yo
sólo tengo
mi reputación
que es la llave
para que las navajas
silben en el silencio
que dejo
tras de mí

Las dosis con cuenta gotas que observamos de este descenso son una nota distintiva de González en el concierto de nuestra poesía. Eso y su alejamiento (en la línea que inaugurara Malú Urriola) de un yo femenino que no porta necesariamente con ninguna marca de género como punto inaugural de su escritura, además de su acento en la comunicabilidad del poema, han hecho de esta obra breve pero contundente una de las más visibles de nuestro actual escenario poético. Hay que seguirle la pista.

5 comments:

i said...

Cómo pasa el tiempo... Feliz año nuevo!!!! espero de corazón que sea un año estupendo para todos ustedes, un abrazo,
Isabel

i said...

Cómo pasa el tiempo... Feliz año nuevo!!!! espero de corazón que sea un año estupendo para todos ustedes, un abrazo,
Isabel

gastón carrasco aguilar said...

No he tenido la oportunidad de leer "Hospicio", pero tanto "Gran Avenida" como "Aire Quemado" me parecen TREMENDOS libros, sin duda, literatura necesaria para saber qué se está escribiendo en el país (Chile).

abrazos

gca

baudelaire3 said...

Isabel: mil gracias, los mismos deseos para ti.

Gastón: concuerdo. Se trata de títulos necesarios, sin duda alguna.

Abrazos,

C

Emersson said...

Claro como no nos va gustar...

pero que nesecidad para que tanto problema, me tome la libertad...

Gladys es buenisima.