Tuesday, June 23, 2009

Rapid City (sólo para mis amigos)









El subtítulo de esta nota va en serio. Ojalá que nadie se entretenga en desparramar su mala leche en forma gratuita. Este es, por decirlo de alguna manera, un post privado, personal. Fui a Rapid City el pasado fin de semana; en realidad partí el jueves pasado, junto a la gente con que entreno, en un viaje de doce horas manejando a través de Iowa y South Dakota: Siouxland, como también se le conoce a este último estado.











El paisaje no ofrece grandes maravillas. Las planicies del Midwest se extienden a lo largo de casi todo el recorrido, sumergiéndolo a uno en una monotonía que sólo se suspende cuando las nubes anuncian la inminencia de un tornado o alguna de esas puestas de sol sacadas de una postal, las que sin embargo siguen siendo sobrecogedoramente hermosas. Y punto. Poco más que agregar a esos restos del sol cayendo a través del horizonte de nimbos y cúmulos donde las praderas esconden las reservaciones indígenas y la pobreza circundante. Todas las peculiaridades, tristezas y rarezas del midwest, the heartland, están contenidos en este viaje: desde un pueblito como Mount Vernon, en South Dakota, donde el gran orgullo local (tanto como para tenerlo anunciado en la entrada del pueblo) son -o fueron, en realidad- las basquetbolistas de la escuela secundaria de la temporada 2004-2005, campeonas estatales en ese período. Probablemente en Mount Vernon, SD, ese hito será recordado por el próximo par de décadas. No importa (mucho) lo que vaya a pasar en el resto del mundo, en el pueblo seguirán recordando a las Fillies y su triunfo deportivo. Y tal vez la vida vaya mejor así. No soy yo, por lo menos, el llamado a juzgarlos.

Más allá, varios anuncios camineros promocionan como la gran atracción turística de la zona, el único castillo en el mundo construido exclusivamente con maíz (sic). Tal cual. En el pueblo de Miller, SD, se puede ver este castillo que todavía permanece para mí como una incógnita, ya que no nos desviamos del camino para admirar tamaño acontecimiento arquitectónico.








Promediando South Dakota rumbo al oeste, paulatinamente se va acentuando la percepción de estar en otra zona, en un espacio diferente de Estados Unidos. En tierras indias, los símbolos del búfalo y las caravanas, los cowboys y los remanentes del mundo indígena se hacen más y más evidentes. Hay pequeños pueblos reconstruidos por completo al estilo del Far West. Museos dedicados al universo de los Sioux. Múltiples ciudades con nombres indígenas. Y praderas. Y más praderas. Antiguas minas de oro. Cuando ya hemos manejado más de once horas por la 29 West, se empiezan a ver las primeras luces, a lo lejos, de lo que debe ser Rapid City.

Allí nos alojamos en un hotel del centro, mucho mejor de lo que hubiera esperado por 65 dólares la pieza. Un milagro de esos que sólo ocurren en los lugares menos visitados de este país. Esa noche sólo llegamos a dormir. Al día siguiente, en lugar de ir Mount Rushmore, donde están tallados los bustos de Roosevelt, Lincoln, Washington y Jefferson (lejos la mayor atracción turística de la zona), tengo que seguir con mi papel de esclavo y quedarme en un café trabajando en un paper. La vida es bella y el café no estaba nada de malo. Después, cuando mis compañeros ya han vuelto en la tarde de su visita, nos vamos al gimansio donde vamos a entrenar.

Nos dirigimos a la escuela de Jukyte-Jujitsu in Rushmore. Allí nos recibe el Sensei Doug Langworthy, que dirige el dojo de esa ciudad. En general la recepción fue muy típica del Midwest: afectuosa, cálida, etc. Una bienvenida acorde con la situación, a saber: reunir y concretar la Federación de Jukyte-Jujitsu a nivel nacional. Hay, obviamente, otras federaciones y/o asociaciones de Jujitsu en EE.UU.; ninguna, sin embargo, de Jukyte. Como la ocasión lo ameritaba, quien trajo originariamente este arte a los Estados Unidos estaba allí presente, el fundador, si se quiere, del Jukyte en este país, O'Sensei Claude Woodson, aquí en la foto.












O'Sensei Woodson no debe pasar del metro sesenta y cinco. Seguramente ronda los 65, 70 años. En la década del sesenta y del setenta, formó entre otros a Robert Brooks (mi sensei, en la primera foto), Al Salazar (9th degree, black belt Jukyte Jujitsu), Doug Langworthy, Richard Usera y otros. Ahora se trata de que su legado se mantenga intacto. En los tres entrenamientos a los que asistí y que él dirigió, tuve la suerte de escuchar y ver a un verdadero maestro. Todo lo que había aprendido de mi sensei, oído ahora de la fuente original. Aunque, es sabido, poco puede haber de original en un arte milenario. El estilo, sin embargo, de Woodson, era algo que valió la pena presenciar. La fluidez, la sinceridad y la naturalidad de lo que ejecutado por otros sería simple violencia y fuerza bruta, eran ahora la perfecta coordinación de un espíritu y un cuerpo en movimiento, que lo mismo es decir en continua meditación. Digno de verse: digno de ser recordado.

Después, en la cena de despedida, todo fue homenajes para O'Sensei y conversaciones más o menos intrascendentes y de buena crianza. La comida, eso sí, impecable. Lo que hubiera sido interesante hubiera sido tomar alguna foto del lugar, un restaurante enclavado en un pueblo (Rockersville) de no más de veinte casas, que más parecía la locación de una película del lejano oeste. La entrada del mentado restorán era, lógico, de puerta batiente. Adentro una mesa llena de motoqueros, con sus Harleys estacionadas en línea allá afuera. Y los televisores y los tragamonedas y las mesas de pool y toda la escenografía de cualquier towny bar de Norteamérica. Quienes hayan visto alguna vez los Duke de Hazzard, pueden imaginarse ese ambiente como un reflejo fiel de Rockersville, en la lejana Dakota del Sur.

Las doce horas conduciendo de vuelta casi ni se sintieron.

Monday, June 15, 2009

Inéditos (sección permanente)


Para seguir con el paso dado por Róger Santiváñez, los dejo aquí con un poema de autoría propia. Son bienvenidos los comentarios y, por cierto, se esperan más inéditos de las lectoras y los lectores.


PARA UN CADÁVER INSEPULTO

(a los testigos)





No estás tomando demasiado?

Yo creo que estás tomando demasiado.

Qué significa wanton? ¿ponemos

los Cure o The Police? ¿te queda algo?

No, a esta hora no, demás que nos cuelgan.

De aquí a la botillería no llegamos.

De aquí a la botillería no llegamos,

repetí. La del estribo era el título de

un cuento. Pero entonces préstame

ese libro. Puta, no podíh ser tan ganador poh h’ón.

Vamos al Mulato. Al Galindo. Al Lagar.

Y viene la Daniela? Y el Chico? Y la

Anna Ajmàtova, viene con sus hijos?

Estaremos como de costumbre en

compañía de actores? Y quiénes

serán los grandes invitados?

No cambies el tema, por favor

no cambies el tema. Ojo que

fue así durante años.


Tuesday, June 02, 2009

Scalped


No soy un experto en el tema, por lo que mis opiniones son como de costumbre las de un neófito. Me mueve más el entusiasmo que otra cosa. Scalped es la serie de comics dibujada por R.M. Guéra y escrita magistralmente por Jason Aaron, que narra las vicisitudes de Dashiell Bad Horse, un agente del FBI que trabaja encubierto en una reservación india (de la cual es originiariamente nativo), plagada de crimen y corrupción. Es lo mejor que he visto y leído en el último tiempo en cuanto a literatura policial, pero también en cuanto a comics. O graphic novels, si quieren darle esa categoría. Como dice Garth Ennis en el prólogo al segundo volumen, se agradece que en esta historieta no hayan superhéroes ni nadie volando, ninguna tierra mítica que emule la mitología medieval ni nada, nada por el estilo. Tampoco ese seudo fascismo de superhombre tipo The Punisher. Aquí está presente (y criticada) la historia de los nativos norteamericanos, incluidos los episodios de rebeldía y subversión contra el establishment en los setenta. Pero también está presente toda la desolación y la miseria de ser un país tercermundista al interior del país más poderoso del mundo, según dicen. Porque eso son muchas reservaciones indígenas, aunque no sólo las reservaciones indígenas. Mucho antes de la actual crisis financiera, la pobreza que no se ve en los noticieros ni tampoco en muchas películas gringas, ha sido, sin embargo, una realidad y un tema de la sociedad norteamericana. Pobreza de verdad, como la que se puede ver en cualquier país tercermundista, salvo que aquí se insiste en ocultarla y estigmatizarla.



A la gente de menores recursos, generalmente carente de educación y/o de trabajo, que fuma, escucha música country y tiende a ser republicana, se le suele asignar el mote de white trash. Detestan a los universitarios, por norma general. Viven en los trailers, i.e., contenedores de carga que se reutilizan como habitáculos, por no llamarlos casas. El Midwest está lleno de ellos. Son la gente que los sábados por la noche se vuelven locos viendo las peleas de la UFC. Son los condenados de este país. A eso agréguense los negros, los mexicanos ilegales, los doctorados sin empleo: un bello sábado, a las 7 y media, mirando la tele en un bar.

(A los que les interese leer la primera entrega completa de Scalped, pueden hacerlo o bajarla aquí, visitando el sitio de Vertigo Comics y haciendo click en el download del issue 1).

Friday, May 15, 2009

Pisco peruano (inéditos, aquí van)


Respondiendo a la convocatoria que leste servidor lanzara hace unas semanas atrás, el poeta Róger Santiváñez (Piura, 1956) me envía los poemas que a continuación comparto con ustedes. Para los que todavía no lo conozcan, Róger es uno de los poetas de mayor envergadura del Perú, miembro del movimiento Kloaka (1982-1984) entre otras agrupaciones literarias y autor de poemarios como Homenaje para iniciados (1984), Symbol (1991), Santa maría (2001), Eucaristía (2004), Dolores Morales de San tiváñez (2006) y, por último, dentro de esta lista que no es exhaustiva, su reciente Labranda, del 2008. Actualmente, Róger vive en la Costa Este de EE.UU., donde hace clases de español en Princeton University. Aquí nos entrega su poema "Concepción".



CONCEPCION / Roger Santivánez


1. -Estación


El invierno sabe suavizarse en los cristales

Ahora sueño soledades matinales acordes a

La prestancia del vacío vagando vihuelas va

Hasta la luz cual zenith inmolados oferentes


Se apachurran ansiosos hospedajes maritales

Han vuelto al bobo latido descreído diferente

Los soles socarrones en las playas auristela

Vetusta amarillenta acicalada niña antigua


Sacaría de ella su panal sicomoros so

Bre sáficos semáforos preñados rico ñabre

Para ser las ancestrales marimoñas oñoñoi

Sitio cirujano que manchó la nieve ardida


2. -Rimac’s lumpen


Confortada plurabelle vente viento enhorabuena

Siena asiática del ático onde vendía Tico-tico

Desengrases nocturnos palatales consecuentes

Se paltearon los bribones al final de la mentida


Días divorciados dosajes en los gajes del oficio

Acaricio tercipelo a pesar de tu dorado medio

Pelo las cáscaras del maldito Cascarita aunque

Me atraque a puro pulso cada madrugada


Cielo oscuro cúrame el dolor de amor

Bruñida moneda no es ñanga en el ñeque

Morador del escapado patuleco cual gallina

Culeca caldo & cebollita china bajo toldo abrigador


3. -Saint Peter’s Beach, wake up


Amanece el frescor en la playa húmeda

Rito acuático tempranito solloza frágil la

Jerga líquida espumosa huyendo instantánea


Tatuaje transparente sobre borde concéntrico

Burbujas impalpables desaparecidas chupadas

Por el hueco del cangrejo rojo & bebito no


Más verdor en el montículo onde me siento

A delinear los flamencos bailarines a lo lejos

Mejor recojo conchas milenarias quebradas con


El tacto empujo la balsa ante obstinada

Ola impaciente e indeciso sol reposando aún

El fragor de una luna enloquecida pez


Diminuto que vara el estero órbita quieta

Sin mejillas sonrosadas árida planicie

Enmudece mi canción cual nube bañadita


Imposible en el tormento adolescente rozado

Mentalmente por angélicas ternuras femeninas

Vislumbre del gusto acrisolado desértico


Un derroche de belleza a dicha hora

Albur volado en la olvidada pluma

Que se encuentra perdida & muerta


Sur la arena

Wednesday, April 29, 2009

C'est la vie (perdonen la horrortografía)










Estoy en uno de esos tantos cafés que abundan en las ciudades universitarias norteamericanas, donde todo el mundo viene a pegarse a su lap-top, consumir su dosis de cafeína y sabores supuestamente étnicos (café de Kenya, Andean from Perú, St. Louis flavor, Javanese, etc) y también, por supuesto, a dárselas de sesudos y, en lo posible, de gente cool. Al frente mío, pero en otra mesa, mi mujer está escribiendo su tesis, que apuesto mi cabeza que la llevará mucho más lejos, en términos laborales, de lo que la mía me ha llevado a mí. Espero que me lleve con ella, dicho sea de paso. La nostalgia cubana y la era post-soviética en esa de isla manejada por traficantes de la vieja guardia y un pueblo que se las arregla como puede para sobrevivir, a través del cedazo agudo de Damaris, con seguridad será una oferta tentadora para la acumulación de capital cultural de las universidades gringas. Rezo por ello, ya que las mismas instituciones no se han visto muy compelidas a incrementar esa misma clase de capital con una tesis sobre el policial en el Cono Sur y su imbricación con el discurso de la memoria traumática (id est, mi tesis).

Pero más que relatar mis desgracias laborales, me interesaba volver sobre una entrevista que le hizo Claudia Apablaza (la talentosa de Autoformato, libro de cuentos entre los que se haya el espléndido Mi nombre en Google) al inefable de Héctor Hernández, visitante más o menos habitual de esta página. Allí nuestro amigo se dedica a repetir su cháchara más o menos habitual. Los '90 como una escritura del miedo o como la versión simbólica de la limpieza de imagen que habría intentado la naciente democracia en los años de la transición. Algo así como el Iceberg de Sevilla en versión poesía joven. Me aburre soberanamente esta polémica en la que el Héctor pelea solo. Con algunos temerosos de los noventa nos hemos reído de lo lindo. Espero que algún día en su santoral nos perdone por nuestro pecado original (aquí estoy citando al Che, tal vez así empiece a perdonarme, si es que él y sus secuaces conocen la procedencia de la cita). Tal vez en su delirio (y de la Apablaza, que al parecer le hace de tambor batiente en la entrevista, o de Felipe Ruiz, su caja de resonancia) quisiera que algunos de nosotros le contestáramos en público y armáramos algo así como una gallito de ciertos autoproclamados novísimos contra los '90s (o cierta zona de los '90s, porque a algunos los "salva": Formoso, el Yanko, Germán, Antonio Silva). Siento tener que decir públicamente que, en lugar de eso, a mí me gustan los novísimos, sean o no de la pandilla del Héctor. Oooops: sí, me fasciné con la Ilabaca cuando publicó Completa, El baile de los niños fue una gratísima lectura (aunque concuerdo a cabalidad con los comentarios de Cristian de Nápoli en el blog de don Diego Ramírez), publiqué en su momento una reseña de Gran Avenida de González Celis y espero ahora porque salga Territorios (si no me equivoco, es el título de su segundo libro). Evidentemente, hay muchos otros nombres que vuelan alto o altísimo entre estos poetas: César Cabello, Enrique Winter, el Chico Arroyo y su tremendo libro. Marcela Parra. No sé, no quiero hacer catálogos. Cobijo fue un primer libro notable. Los surfistas, lo mismo y mejor. Y Poemas cesantes. Y el café aquí está tan rico y por fin dejó de hacer frío que no tengo ganas de llevarle la contra a nadie. No, por lo menos, por estas pequeñeces. Que otros se desgañiten gritando. No sé si a los ojos del Héctor me reivindicará en alguna medida que el Rafa Rubio me haya puteado en público una vez, justo después de presentar una antología en la Feria del Libro, hace la friolera de diez años atrás. A propósito: tampoco le creo mucho a don Ignacio Valente, alias José Miguel Ibáñez Langlois, su espaldarazo siglo-de-orista para la poesía de Rubio, ni creo tampoco, ni en el peor de los casos, que recurrir a una estética llamémosla españolizante sea necesariamente sinónimo de tradicionalismo. Aunque no lo diga explícitamente, Valente endosa la opción que representa Rubio, la cual contrasta, citando palabras del cura, "intensamente con la pobreza de lecturas, de experimentos y de experiencias que caracterizan a muchos poetas jóvenes, iletrados y fáciles". Sumando y restando, para Valente pareciera que el buen uso del soneto y otras formas clásicas equivale a escribir bien, equivale a reconocer y reconocerse en una tradición no como parte de una artesanía en la que todos colaboran en el infinito tejido textual, sino como parte de un espacio de consagración a la vez canónica y excluyente.

Me niego, por mi parte, a aceptar esas contradicciones tan artificiales como ridículas, aquellas que dicen que el uso de las formas clásicas está obligatoriamente asociado a una representación conservadora, si no reaccionaria, de la literatura. Ya Lihn lo demostró con mejores argumentos que los míos en Por fuerza mayor. De la misma manera, no creo ni he creído jamás que Hernández Montecinos represente algo así como un lugar de avanzada ni nada que se le parezca. Este querido sujeto no es más que un subproducto (a ratos un notable subproducto) de la resaca política latinoamericana, que ha hecho del cacareo y el estrellato su forma de participar en agendas públicas más o menos legitimadas desde el mismo statu quo que tan ferozmente dice atacar. No es casual la recepción que su obra tiene entre ciertos círculos de una izquierda bien pensante y supuestamente post-marxista, muy bien ubicada, dicho sea de paso, en los espacios del poder cultural. No es casual el premio de Carmen Berenguer (merecido o no, ese es otro cuento). No es casual que el primero en aplaudirla fuera Pedro Lemebel. No es casual, en absoluto.

Ya es de noche. El café lo cerraron hace 45 minutos, los mismos que llevo esperando que mi adorada tesista venga a buscarme. Mientras tanto, termino esta reflexión sentado en las sillas de afuera, en un parking desierto que parece una locación de Law&Order, la escena de un crimen que si no ha ocurrido ya ocurrirá. A veces creo que todas estas polémicas son parte de un folklore necesario, un tema de conversación para espantar el aburrimiento. Nadie puede ser tan ocioso (o estar tan mal de la cabeza) para tomárselas en serio. ¿Me querrá aunque sea un poquito el HH?, ¿me habrá perdonado el Rafa desde esa presentación en que lo acusaba tácitamente de hacerle genuflexiones a Armando Uribe en un poema? Tal vez si le digo al Héctor que ya se me pasó la rabia por esa noche en que hizo perro muerto en el Vox Pop, junto a un poeta de los noventa cuyo nombre me reservaré, tal vez me quiera un poquito.

Si los dioses me escuchan, al llegar a la casa me estará esperando un arroz con camarones, receta cubana y matancera de mi suegra, que debo aprovechar antes de que se acabe el abastecimiento y la cesantía me devuelva inevitablemente a las sopas Maggi y los platos de tallarines que se preparan en dos minutos.

Salud,

CGO

Sunday, April 05, 2009

Generosidades





Algunas buenas noticias, en medio de la aridez del mercado laboral, me ha tocado recibir y se agradecen infinitamente. La primera sería la presentación de la nueva temporada de Snob, el programa conducido por el multifacético y joven narrador Diego Zúñiga, presentación en la que este servidor fue el entrevistado. Allí hablamos de lo humano y de lo divino de la poesía chilena, del Alfabeto para nadie, de lo que es o se supone que es la poesía social (sic), de los novísimos, de los viejísimos, de Watanabe, de Lucho López-Aliaga, de crítica, de todo. Si no está ya en el sitio del programa, Zúñiga prometió subir la entrevista pronto.
Lo otro fue ver en La calle Passy 061, blog colectivo de crítica y de la buena, una reseña firmada por el siempre lúcido Silva Barandica sobre Alfabeto para nadie (este post se está poniendo excesivamente autorreferencial), donde el crítico se da tiempo para escarbar en lo que parece ser la esencia de ese libro, si cabe el término. No es común, dicho sea de paso, toparse con una reseña tan bien escrita, tan lúcidamente escrita. Poco importa que en este caso el libro reseñado sea mío. Lo interesante de un crítico como Silva B. es que está muy lejano de los exabruptos de otros críticos, ya sea en darle al pandero de la publicidad o en despedazar aquello que no le llame la atención. Por el contrario: creo que ese tipo de crítica que todavía considera ciertos escrúpulos como parte de su discurso es muy necesaria, una crítica sin compromisos, más allá del compromiso mismo de la crítica consigo misma. Vaya mi agradecimiento.
Y por último recibir desde Chile, pero también desde Cuba, la alegría de ver la antología hecha por Andrés Morales y Reynaldo Lacámara (Fértil Provincia, Casa de Las Américas, 2008), antología (o muestra, como señalan sus autores) que recoge una parte si bien pequeña, pero significativa, de la poesía chilena de hoy. Falta un laaaaaargo listado de autores, pero Lacámara y Morales se cuidan rápidamente de aclarar que nunca tuvieron el afán de ser exhaustivos. Por eso insisten en lo de muestra, en contraposición a una antología. Sutilezas que no suelen ayudar mucho en estos casos, porque es inevitable que al mismo tiempo que estos libros se publiquen se escuche a los que estén descontentos. Pero esto es casi parte del folklor, un gaje del oficio. Sería una pena que nadie se quejara. Veo entre los nombres seleccionados los de Javier Bello, Tomás Harris, Carmen Berenguer, Juan Cameron, etc. Gracias a Dios están Soledad Fariña, Rosabetty Muñoz (imprescindibles). También Malú Urriola. V.H. Díaz. Hay dos o tres nombres que no tengo idea quiénes son, lo cual probablemente se deba a mi ignorancia. Me alegro, eso sí, de ver a Sergio Rodríguez Saavedra, a Hernán Miranda. No es fácil estar lejos de Cuba, no es fácil tener prohibido el regreso. Y en el caso de aquellos que no lo tienen prohibido, sigue siendo un tema complicado el haber dejado familia, lugares y amigos en un país que vive como una extraña paradoja.
Y, por último (otra vez), pero no al final: gracias a Christian Formoso, que viajó a Chile y me trajo los libros de Marcela Saldaño (Un ojo llamado cacería) y el texto de César Cabello (La edad del laberinto), gracias al mismo César que me los envió sin conocerme ni haber cruzado palabra con el abajo suscrito.

A todos, gracias.

CGO

Friday, March 27, 2009

¿Estás esperando a tu marida?


Hacer clases de español en este país de altos y bajos es toda una aventura. Una ordalía a ratos, aunque he de reconocer que cuatro meses de vacaciones tampoco está tan mal. Sin embargo, los sinsabores de la vida políticamente correcta y la falsa cortesía que abundan en estas tierras, hace que los cuatro meses de vacaciones ya mentados y las bibliotecas infinitas se conviertan a veces en un pelo de la cola, en un detalle que no agrega nada.

No sólo es complicado el hecho de tener que tratar a los alumnos como niños de primaria o retardados mentales (bueno, algunos SON retardados mentales), sino por sobre todo seguir una etiqueta en la cual me cago soberanamente. Así, por ejemplo, si mi ex-jefa tuvo el derecho de preguntarle a Damaris, mi mujer, al enterarse de nuestro matrimonio, por qué no se había casado con un americano (sic), yo, por mi parte, tengo que hacerme el h'ón y pretender que ignoro que ello haya ocurrido. Pero de viejas de mierda está plagado el mundo y ese privilegio no es exclusivo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Lo que sí es propio de estas tierras son los errores y horrores ortográficos en la enseñanza del idioma, incluso en quienes se reconocen como (y benefician de ser) especialistas en el tema, aquellos que -supuestamente- "la llevan". Cuando estaba en el IWP, me invitaron a hacer una charla en el Departamento de Español, donde actualmente trabajo. Estaba en eso cuando pasé por afuera de un auditorio, una de esas salas grandes donde se hacen clases para 100 o más alumnos. En la pantalla, me fijé que el profesor que estaba dando la clase había puesto un Power Point, un slide que rezaba: "Crítica del Lasarillo de Tormes". Textual, no miento, de puño y letra de uno de nuestros más prestigiados scholars.

Pero bueno, me dije, cualquiera tiene sus lapsus, no hay que ponerse tan exquisito. Bienvenida la indulgencia. Así se hace más fácil no colgarse de uno de los pinos que abundan en la zona, así se aprende a curtir la piel de chancho: es muy común la participación de los alumnos en alguno de los diversos programas deportivos con que cuenta la universidad. Voleyball, lacross, fútbol, etc. Consecuentemente, a los alumnos se les condonan esas ausencias y hay que hacer los arreglos necesarios para que los deportistas cumplan con sus deberes académicos con cierto retraso. Ok, cero drama. Para que el asunto fuera oficial, otra de las maestras del idioma encargadas de dirigir el GEP (General Education Program) donde este servidor trabaja, nos envió un correo colectivo a todos los profesores de español, especificándonos que "todos los atletos y todas las atletas deben ser excusados de rendir sus pruebas si tienen un conflicto de horario" (sic). Esta es la misma que después me armó una casa de putas porque una alumna se me puso a llorar en un examen y yo no la "ayudé".

Este semestre mi clase va de las doce y media hasta la una y media. Dami, que hace una clase más que yo, enseña hasta las dos y media. Ergo, muchas veces me voy hasta el edificio donde ella está y aprovecho esa hora leyendo. En ese recinto, donde hay muchas otras clases del programa de Español, suelo encontrarme con uno de nuestros profes, gringo, él, muy joven, el prototipo de los profesores del Midwestern, llenos de entusiasmo y listos para aprender y seguir aprendiendo. Pongámosle que se llama Scott. Pues bien, Scott generalmente termina su clase uno o dos minutos antes que la de Damaris, lo suficiente como para salir al pasillo donde estoy esperándo y saludarme como lo hace a diario. Ayer, Scott iba saliendo de su clase y, con esa espontaneidad tan propia de ellos, me dijo: "¿Estás esperando a tu marida?". Y cuando le respondí afirmativamente, viene el h'ón y se le sale el poeta: "Ja, así es la vida". Rima consonante de las mejores. Así da gusto hacer clases. Como ya he dicho antes: God bless America.